No me preguntes cómo comencé a amar a los hombres.
No me preguntes cómo comencé a amar a las mujeres.
¿Recuerdas las canciones de los cuarenta, los bailes lentos,
el pequeño Chevrolet con poca gasolina y lleno de sexo?
¿Recuerdas las caminatas por la nieve y quién era homosexual?
Humo de cigarrillos de las películas, perfiles
plata y gris, soñando los sueños de él-y-de-ella
respirando la disolución del plumaje diminuto y plateado?
Soñando ese sueño nos inclinábamos pintándonos los labios
ante el espejo de la tumba cuando nos encontrábamos
jugando en el cementerio. En sucesos de Actualidad dijo ella
terminó la guerra en Europa, los Aliados
y no usaba lápiz de labio ganaron la guerra
y salimos gritando del Sexto Período.
Soñando ese sueño
tuvimos que enredar nuestros caminos por un bosque
donde los labios eran cuchillos pechos navajas y me escondí
en la jaula de mi mente garabateando
este mapa termina donde todo comienza
en un cuaderno rojo y negro.
¿Recuerdas después de la guerra cuando la paz llegó
como la abundancia para algunos y ellos dijeron que estábamos
salvados
en un eterno presente y sabíamos que el mundo podía terminar?
¿recuerdas después de la guerra cuando la paz llovió
sobre los vientos de Hiroshima Nagasaki Utah Nevada?
¿y el maestro socialista afeminado y cristiano saltó desde la ventana
del hotel?
¿y I. G. diciendo quiero dormir contigo pero sin sexo
y la cafetera esmaltada de rojo y negro goteaba lentamente a través
de las tierras oscuras
-apetito terror poder ternura-
el largo beso en la escalera la descarga eléctrica
a dos comunistas judíos casados uno con el otro
el crujir definitivo del cristal al final de la boda?
(¿Cuándo aprenderemos lo que debería estar claro como el día,
que no podemos escoger lo que somos libres de amar?)

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