Cuarentena poética

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Portrait of Ivka Vranyczany, Vlaho Bukovac


Es domingo.
Temo la multitud de mis semejantes con rostro de piedra.
Desde mi torre de vidrio, habitado por las migrañas, los
Ancestros impacientes,
Contemplo los techos y las colinas entre la bruma
En paz — las chimeneas están desnudas y son esbeltas,
A sus pies duermen mis muertos, todos mis sueños hechos
polvo,
Todos mis sueños, la sangre gratuita derramada por
las calles que se mezcla con la sangre de las carnicerías.
Y ahora, desde este observatorio de los suburbios
Contemplo mis sueños distraídos por las calles, dormidos
al pie de las colinas
Como los guías de mi raza sobre las orillas de Gambia
y del Saloum
Del Sena ahora, al pie de las colinas.
¡Déjame pensar en mis muertos!
Fue ayer la fiesta de todos los Santos, el aniversario
solemne del Sol
Y nada los recordaba en el cementerio.
Oh, muertos, que siempre rehusasteis morir, que supisteis
resistir a la Muerte
Tanto en Sine como en el Sena, y en mis venas frágiles,
mi sangre irreductible
Protege mis sueños como lo habéis hecho con vuestros hijos
los emigrantes de piernas delgadas.
¡Oh, muertos! Defended los techos de París en la bruma
dominical
Los techos que protegen mis muertos.
Desde mi torre peligrosamente segura, desciendo a la calle
Con mis hermanos de ojos azules,
De manos duras.
Cherubs, Jean-Honoré Fragonard


No he soltado a mi ángel mucho tiempo,
y se me ha vuelto pobre entre los brazos,
se hizo pequeño, y yo me hacía grande:
de repente yo fui la compasión;
y él, solamente. un ruego tembloroso.

Le .di su cielo entonces: me dejó
él lo cercano, de que él se marchaba;
a cernerse aprendió. yo aprendí vida,
y nos reconocimos . lentamente...

Aunque mi ángel no tiene ya deber,
por mi día más fuerte desplazado,
baja a veces su rostro con nostalgia,
como si no quisiera ya su cielo.

Querría alzar de nuevo, de mis pobres
días, sobre las cimas de los bosques
rumorosos, mis pálidas plegarias
basta la patria de los querubines.

Allí llevó mi llanto originario
y pensamientos; y mis diminutos
dolores se volvieron allí bosques
que susurran sobre él...

Sí algún día, en las tierras de la vida,
entre el ruido de feria y de mercado,
la palidez olvido de mi infancia
florecida, y olvido el primer ángel,
su bondad, sus ropajes y sus manos
en oración, su mano bendiciendo;
conservaré en mis sueños más secretos
siempre el plegarse de esas alas,
que como un ciprés blanco
quedaban detrás de él...

Sus manos se quedaron como ciegos
pájaros que, engañados por el sol,
cuando, sobre las olas, los demás
se fueron a perennes primaveras,
han de afrontar los vientos invernales
en los tilos vacíos, sin follaje.

Había en sus mejillas la vergüenza
de las novias, que el espanto del alma
tapan con púrpuras oscuras
ante el esposo.

Y en los ojos había
resplandor del primer día:
pero sobre todo
descollaban las alas portadoras...

Había expectación en la llanura
por un huésped que no acudió jamás:
aún pregunta tal vez el jardín trémulo:
su sonrisa después se vuelve inválida.

Y por los barrizales aburridos
se empobrece en la tarde la alameda,
las manzanas se angustian en las ramas
y les hacen sufrir todos los vientos.

Es donde están las últimas cabañas
y casas nuevas que, con pecho angosto,
se asoman estrujadas, entre andamios miedosos,
quieren saber dónde empieza el campo.

Allí la primavera siempre es pálida, a medias,
el verano es febril tras esas tablas:
enferman los ciruelos y los niños,
y tan sólo el otoño allí tiene algo

de remoto y conciliador: a veces
son sus tardes de suave derretirse:
dormitan las ovejas, y el pastor con zamarra
se apoya, oscuro, en la última farola.

Alguna vez ocurre en la honda noche
que se despierta el viento, como un niño,
y pasa la alameda, solitario,
quedo, quedo, llegando hasta la aldea.

Y a tientas va marchando hasta el estanque
y se para después a oír en torno:
y las casas están pálidas todas
y las encinas mudas...
Theophile Gautier


Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.
Roman Widow, Dante Gabriel Rosetti


Te preguntas si estoy sola: 
pues sí, estoy sola 
como un avión que viaja solitario y horizontal 
siguiendo las señales de radio, dirigiéndose 
a cruzar las Rocosas 
por la sucesión de pasillos azules 
de un campo de aterrizaje sobre el océano 

¿Quieres preguntarme si estoy sola? 
Bien, por supuesto, sola 
como una mujer que conduce a través del país 
día tras día, dejando atrás 
milla tras milla 
pequeñas ciudades en las que podría haber parado 
y vivido y muerto, sola 

Si estoy sola 
debe ser la soledad 
de despertar primero, de respirar 
el primer soplo de aire frío del alba sobre la ciudad 
de ser la que está despierta 
en una casa envuelta en sueño 

Si estoy sola 
es con la firmeza del bote helado en la costa 
en la última luz roja del año 
que sabe lo que es, que sabe que no es 
hielo ni lodo ni luz invernal 
sino madera, con el don de arder.
Mrs. Daniel Sargent, John Singleton Copley (detalle)


¿Por ti he de simplificar mi vida? 
No me preguntes cómo comencé a amar a los hombres. 
No me preguntes cómo comencé a amar a las mujeres. 

¿Recuerdas las canciones de los cuarenta, los bailes lentos, 
el pequeño Chevrolet con poca gasolina y lleno de sexo? 
¿Recuerdas las caminatas por la nieve y quién era homosexual? 
Humo de cigarrillos de las películas, perfiles 
plata y gris, soñando los sueños de él-y-de-ella 
respirando la disolución del plumaje diminuto y plateado? 

Soñando ese sueño nos inclinábamos pintándonos los labios 
ante el espejo de la tumba cuando nos encontrábamos 
jugando en el cementerio. En sucesos de Actualidad dijo ella 
terminó la guerra en Europa, los Aliados 
y no usaba lápiz de labio ganaron la guerra 
y salimos gritando del Sexto Período. 

Soñando ese sueño 
tuvimos que enredar nuestros caminos por un bosque 
donde los labios eran cuchillos pechos navajas y me escondí 
en la jaula de mi mente garabateando 
este mapa termina donde todo comienza 
en un cuaderno rojo y negro.

¿Recuerdas después de la guerra cuando la paz llegó 
como la abundancia para algunos y ellos dijeron que estábamos 
salvados 
en un eterno presente y sabíamos que el mundo podía terminar? 
¿recuerdas después de la guerra cuando la paz llovió 
sobre los vientos de Hiroshima Nagasaki Utah Nevada? 
¿y el maestro socialista afeminado y cristiano saltó desde la ventana 
del hotel? 
¿y I. G. diciendo quiero dormir contigo pero sin sexo 
y la cafetera esmaltada de rojo y negro goteaba lentamente a través 
de las tierras oscuras 
-apetito terror poder ternura- 
el largo beso en la escalera la descarga eléctrica 
a dos comunistas judíos casados uno con el otro 
el crujir definitivo del cristal al final de la boda? 
(¿Cuándo aprenderemos lo que debería estar claro como el día, 
que no podemos escoger lo que somos libres de amar?) 
Fairy, Sophie Anderson


Porque ya no somos jóvenes, las semanas han de bastar
por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva
del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada, a los veinte,
con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno?
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad
atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada?
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí.
Son eternos tus ojos, verde destello
de hierba salvaje refrescada por la vertiente.
Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.
Daniel Gerhartz


Atravesando la ciudad en una noche de invierno
Dijimos que el arte y la vida son polos opuestos.
Aquí nos acercamos a un amor que no conoce la lástima.

Esta anciana disciplina, severamente tierna,
Renueva la creencia en el amor y sin embargo controla el sentimiento,
Convirtiendo lo que soportamos en una bendición.

La forma es la ofrenda más grande que el amor puede ofrecer -
La unión vital de la necesidad
Con todo lo que deseamos, todo lo que sufrimos.

Un arte demasiado compasivo es apenas un arte a medias.
Sólo tan altiva y comedida pureza
Restaura el demasiado traicionado corazón humano.
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Sobre el proyecto

Recopilatorio de poemas que me gustan para amenizar la cuarentena.

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