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| Daniel Gerhartz |
Ese alguien de mí que nunca vuelve
al agua de la infancia
sin saber del laberinto.
Ese que es otro hombre que yo llevo
derrumbado sobre mí
o como la hiedra que 90 robles abraza.
En vano le digo que hoy recogen
las coloradas manzanas
y que hay que buscar las que caen entre la hierba.
Verdaderamente es como llevar un muerto
nada apetece y de nada se acuerda
perezoso sombrío. A su lado vivo
y el yo que canta y regresa
mira de soslayo para donde yace
y observa cómo se pudren en él los sueños y los anhelos
la juventud que pasó y las sonrisas de las mujeres
todo lo que fue amado y recibido
todo lo que fue y nunca más será.
Pero el yo que vive y anda
resiste y no olvida nada,
despidiéndose harto de vida
cuando mi propia vida y la suya terminen.
Pero yo resucitaré que solo vuelven
los que recuerden, compañeros.

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